Juan María Alponte
El 27 de enero se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de la Shoa –la Destrucción- y de la Prevención de Crímenes contra la Humanidad. Hoy, pues.
Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz -1986- fue un superviviente de Auschwitz –no su familia desparecida en el horror- y es uno de los grandes eruditos de la memoria. Habla hebreo, yiddish, inglés, alemán, húngaro y rumano. Nació en Transilvania, una región de Rumania que dependía, entonces, de Hungría.
Cientos de miles de ciudadanos rumanos, de origen judío, fueron asesinados. De los 900,000 judíos existentes en Rumania antes de la guerra sobrevivieron 6,000. En total fueron 6 millones. Elie Wiesel –que escribe sus libros en francés- dice que estudiaba, el significado bíblico del sacrificio de Isaac cuando encontró en la Biblia el término “ola” del que nació la palabra Holocausto.
En “Elie Wiesel, qui étes-vous?” añade que, en hebreo, “ola”, significa “la ofrenda por el fuego”. (Página 54). Entonces, señala, “elegí esa palabra. Ahora yo lo lamento”. Señala que, en ese sentido, “la ofrenda por el fuego parecería que los judíos aceptaban el sacrificio”. La palabra Holocausto, por tanto, fue reemplazada por la voz “Shoa” que, en hebreo, significa destrucción. Holocausto, añade, Wiesel, “es una palabra que ha traicionado su significado”. “Un mot, escribe él, qui a trai sa signfification”. (Página 54)
Proporciono esos detalles, poco conocidos, porque elevan a categoría histórica el dilema de las denominaciones. Lo cierto es que Elie Wiesel nació, en 1928, en una población llamada Sighet que contaba 200,000 judíos. Entre ellos su familia. Él es su solitario sobreviviente.
¿Cómo comenzó todo? Releo un libro admirable del filósofo francés, de origen judío, Raymond Aron. Antes de continuar debo decir que la Revolución Francesa convirtió a la comunidad judía de Francia en ciudadanos franceses. Cuando Hitler invadió Francia no existía comunidad judía propiamente dicha. La Gestapo buscó, por tanto, en el Registro Civil y, por apellidos (la perversión es un fenómeno inaudito) 75,000 franceses fueron conducidos a los hornos crematorios. Regresaron, a Francia, 7,500. Entre ellos una adolescente que sería una mujer excepcional en la cultura y la política de Francia: Simone Veil. Le rindo mi homenaje personal. A ella, en gran medida, se debe que Francia adoptara, en 1974, la Ley del Aborto.
Decía –antes- que leía un libro de Raymond Aron: “Mémoires: 50 ans de réflexion politique”. En ese libro de memorias –indispensable- Aron cuenta que, con otro estudiante de Filosofía, Jean-Paul Sartre, fue, con él, a Alemania. Estaban los dos en la misma Universidad francesa, y aspiraban a continuar sus estudios filosóficos en Alemania. Era el año 1933.
Hitler acaba de ganar las elecciones –aunque parezca mentira legítimas- y era ya, en ese año, el canciller del país. Raymond Aron, escuchando sus discursos se preguntaba cómo un pueblo culto, lleno de filósofos y músicos, “podía oír a tal persona”.
En las páginas 84-85 del Tomo I de sus Mémoires cuenta, Aron, un hecho ya terrible. Dice que el 10 de mayo de 1933 vio en Berlín –a la vera misma de la Universidad- la quema, en una pila, de los libros de los “enemigos del nazismo”. Presidía, esa escena salvaje, el propio Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler. Los más grandes escritores alemanes o europeos eran arrojados al fuego (primero los libros y después los seres humanos) con los ritos de la Inquisición: “Ich úbergebe dem feuer” que equivale a decir “yo arrojo al fuego”. Los mejores libros de autores famosos como los del alemán Thomas Mann, Premio Nobel de Literatura; los de Freud; lo de Musil, etc., etc., encendían, con sus llamas, la maravillosa avenida Unter den Linden.
Al lado de Aron, en ese escenario, estaba el hijo de Thomas Mann-éste sería expulsado del país por los nazis- Golo Mann que, con Aron, permanecían espantados y silenciosos. Aron lo explicaba así: “En un país de cultura y, más aún, de alta cultura, la vieja clase dirigente de Alemania, había confiado a unos rufianes la misión de devolver a Alemania su independencia y su potencia. Los libros se consumían en la Unter den Linden como antes los de la Biblioteca de Alejandría: las llamas simbolizaban la barbarie al poder”. (Páginas 84-85)
He traído, para este día, esa memoria porque esa hoguera era ya una declaración de guerra contra la civilización. Los hijos de Sigmund Freud –en Viena- intentaron que su padre no leyera los periódicos donde se relataba lo ocurrido el 10 de mayo de 1933: la quema de sus libros.
Martin Freud, hijo de Sigmund Freud, cuenta en su libro “Sigmund Freud, Man and Father” que, finalmente, se enteró. Hizo esta reflexión que no sabía que tendría un trágico sentido histórico: “En otro tiempo, dijo a sus hijos, me hubieran quemado a mí”. No sabía, entonces, que sus palabras serían un asombroso vaticinio.
Se salvaron, él, y su familia, porque la princesa María Bonaparte asumió la tarea de sacarle de Viena. Pagó el rescate que los nazis (que habían anexado ya Austria y, por tanto, Viena) pedían y logró que Freud pudiera llegar a Inglaterra. Allí murió en 1939. Poco antes había recibido, allí, a Salvador Dalí. Le interesó mucho, por cierto, el pintor.
Relato esa historia porque la quema de los libros, el 10 de mayo de 1933, anunciaba los hornos crematorios. El 5 de marzo de 1933, en elecciones libres, Hitler y el Partido Nazi obtuvieron el 43.9% de los votos; los socialistas el 18.3% y los comunistas el 12.3%. Hitler pudo asumir el poder porque el Partido del Zentrum (democristiano), con el 11.2% le dio la mayoría. Pronto, bajo el pretexto del incendio del Reichstag –una maniobra nazi- declaró fuera de la ley a los socialistas, 121 diputados, y los comunistas, 81 diputados y abrió, para ellos, los primeros campos de concentración. Se comenzaba.
Todo lo demás es de dominio público. La decisión del exterminio total del pueblo judío se transformó en una gigantesca represión y liquidación a escala de Europa que haría de Auschwitz el nombre y sobrenombre de la infamia. Me ha parecido necesario, porque es poco conocido, el episodio de la quema de los libros y, porque anticipaba lo que, en términos de la burocracia de la muerte, se bautizó, por Hitler, “la solución final”, esto es, el exterminio total.
Dice Elie Wiesel que cuando dos judíos, sobrevivientes, se encontraban, si hablaban yiddish, se preguntaban: “¿Y tú, dónde estabas durante el Hourban?”, en otras palabras, “¿Dónde estabas tú durante la Destrucción?”.
Una parte del relato de Elie Wiesel me conmueve hasta la raíz de mí mismo. Dice en el libro “Elie Wiesel, qui étes-vous?”, página 78 “que a la hora de la liberación de los campos nosotros no podíamos más: las torturas, el hambre, las enfermedades…Desde el 5 de abril de 1945 se nos había rehusado toda comida y el 11 de abril llegaron los americanos. Entre nosotros –continúa- se encontraban algunos prisioneros de guerra rusos. Ellos estaban tan hambrientos y debilitados como nosotros. Se apoderaron, sin embargo, de algunos ‘jeeps’ americanos y de algunos fusiles-ametralladoras y se fueron a algunos pueblos del alrededor a matar gente. Era su manera de vengarse. Nosotros, nos hemos reunido en un minyan y hemos recitado el Kaddish, la Oración de los Muertos”. ¿Quién tenía la razón? ¿Quién estaba equivocado?
Brigitte-Fanny Cohen, la autora del libro “Elie Wiesel, qui étes-vous?”, “Elie Wiesel, ¿quién eres tú?”, le pregunta lo siguiente:
“Tú eres igualmente una víctima, tú has sufrido enormemente en los campos. ¿Acordarías un perdón a Alemania?”.
Respuesta: “Si alguien viniera a decirme, Elie Wiesel, me perdonas, yo no sé cuál sería mi respuesta. Puede ser sí, puede ser no…pero nadie, jamás, me lo ha preguntado”.
Brigitte-Fanny Cohen le hace otra pregunta, quizá fundamental: “Sunkélevitch pensaba que los crímenes nazis englobaban la responsabilidad nacional de todos los alemanes. ¿Encuentras esta posición excesiva?”.
Respuesta: “No es preciso exagerar. ¿Puede decirse que los alemanes nacidos en 1939 eran responsables? Yo pienso que sólo los culpables y sus cómplices son responsables. Seguramente se puede evocar el ambiente, la cultura y todo esto que un pueblo está caracterizado de ser o de hacer. Esto, ciertamente, ha contribuido al desarrollo y expansión del nazismo. Pero decir que todo el mundo es responsable equivaldría a decir que nadie es responsable”.
Termino. He intentado presentar a mis lectores –entre ellos a la Generación 2008-2012 de Ciencia Política y Administración Pública que me eligiera como su mejor profesor- una inmensa tragedia humana con datos y aportaciones, poco conocidos, que quizá nos permitan hacer una reflexión de gran magnitud: nunca más y nunca más en nuestro cada día de barbarie.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
viernes 27 de enero de 2012
jueves 26 de enero de 2012
ROMNEY ENTRE LOS IMPUESTOS Y LOS MORMONES
Juan María Alponte
Se dice que Konrad Adenauer, el restaurador político de Alemania después del nazismo y la ocupación militar de su país por los Aliados definía, con una frase su éxito, su propia vida: “El mejor político es el que consigue permanecer más tiempo en el sillón”.
A Mitt Romney, candidato republicano en Estados Unidos, no lo han dejado, siquiera, acercarse al sillón. Le han acusado, en épocas críticas de desempleo y bancarrotas, de pagar entre un 14 y un 15% de impuestos cuando su fortuna se acerca a los 250 millones de dólares. También ha vivido la controversia, a la vez, de ser de confesión religiosa mormónica. Tiene todo el derecho y, en ese punto, no cabe admitir ninguna polémica aunque Lincoln, el liberador de los esclavos, tuvo el valor –en su tiempo- cuando le interrogaron sobre cuál era su religión, Abraham Lincoln contestó, impávido y, de una vez y para siempre así: “None”, “Ninguna”.
Fue asesinado el 14 de abril de 1865 al finalizar la Guerra Civil Norte-Sur. El día antes recibió a su hijo que venía del frente. Fue una dulce acogida. Se reunió, con él, su esposa y algunos miembros de su gabinete. Invitó a su hijo a que le acompañara, con su madre, a una función de teatro en boga: “Our American Cousin”. El hijo, deseoso de escaparse con su novia dijo que no podía ir y los secretarios de Estado tampoco tenían ganas de ver a la actriz Laura Keene, estrella de la obra. ¿Quién lo haría en México? En suma, fue el matrimonio solo. En el palco un racista le asesinó. Murió, al amanecer, sin haber pronunciado una sola palabra. Sabía que era inútil. Ahorró fuerzas para el camino.
Mitt Romney, republicano como Lincoln, no tiene el menor parecido con aquel largo cuerpo erguido, con aquella conciencia que se llamó Abraham Lincoln y, al revés que él –none- es religiosamente mormón. Se entiende que respeto esa creencia, sin más explicaciones, como otro cualquiera. Locke nos ha dejado dicho que la fe religiosa es un asunto privado.
Los mormones son adeptos a la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Un tal Joseph Smith la afincó, en 1830, en el Estado de Nueva York.
El nombre mormón, procede del “Libro Mormón” que es considerado por sus creyentes como la palabra de Dios. Entre sus creencias, con textos misteriosos y proféticos, se señala que América fue poblada por antiguas tribus judías. Los mormones practican la poligamia y, por ello, fueron perseguidos en Estados Unidos. Joseph Smith, en ocasiones, estuvo encarcelado y sostuvo su fe. Su sucesor, Brigham Young, en nombre del Consejo de los Doce Apóstoles, condujo a los mormones por varios territorios de Estados Unidos y se establecieron en Salt Lake City y el Gran Lago Salé. La poligamia fue suprimida en 1895 –no se le puede acusar de eso a Mitt Romney- y las manifestaciones religiosas posibilitan acceder a la divinidad, la curación espiritual y el profetismo.
Una rama disidente del mormonismo (a partir de 1860) se acerca a las tradiciones cristianas, pero su celo feligrés es profundo y cierto. Se dice que hay mormones en todo el mundo. Yo no he conocido a uno, pero también es cierto que jamás he preguntado a nadie a qué religión pertenece. El ejemplo de Lincoln –y su none- me es suficiente.
Por cierto, que el día en que se reunió Lincoln con su esposa, hijo y secretarios de Estado, contó (dos días antes de ser asesinado) que había tenido un sueño extraño. Lo relató. Soñó que escuchaba, en la Casa Blanca, sollozos. Recorrió habitación tras habitación oyendo siempre los gritos. Finalmente llegó a una gran estancia y vio a la gente llorando ante un féretro. Preguntó: “¿Quién es?”. Le contestaron: “El presidente acaba de morir”.
La esposa de Lincoln, Mary Ann Tood, –tuvo cuatro hijos con Lincoln- sólo pudo hacer una frase: “Es un sueño horrible”. Lincoln le contestó: “Mujer es un sueño”. Ella estaba a su lado, en el palco del Ford Theater cuando John Wilkes Booth le disparó a bocajarro. Un policía que guardaba la puerta del palco se fue a tomar una copa, al comenzar la obra, y el asesino no tuvo problema alguno.
Mitt Romney, que gana con sus negocios alrededor de 16 millones de dólares al año, ha confesado que paga de impuestos sólo un 15% (14% dicen sus opositores) con lo que se ha producido un escándalo notable cuando Obama y su esposa declararon (incluidos los dólares de su último libro y la paga de presidente) 1,700.000 dólares y trasladaron 475,000 al fisco, pero, según su declaración racial, tiene parientes en los cinco continentes aunque pague impuestos sólo en uno.
En suma, el escándalo de los impuestos ha creado, al ex gobernador de Massachussetts, problemas poco negociables con la sociedad. Como la declaración de impuestos no es un secreto se sabe que él, modestamente, se clasifica como “ejecutivo” y a su esposa, dulce compañera de la opacidad, Ann, la define, simplemente, como “ama de casa”. ¡Qué bien!
Lo relevante es que han aparecido cuentas suyas y las de la “ama de su casa”, en ciertos paraísos fiscales –donde el dinero duerme, produce y no cotiza- y, por si ello fuera poco, tiene depósitos o los tenía en Suiza donde se lava más blanco. Algunos de nuestros políticos lo saben. En francés, “La Suisse lave plus blanc” (La Suiza lava más blanco) y “Une Suisse au-dessus de tout soupcon” (Una Suiza por encima de toda sospecha) son dos libros de un notable y erudito escritor y político suizo: Jean Ziegler de renombre europeo. Al colocar ante mí, a la hora de escribir este texto, los dos libros citados se desprendió una tarjeta de Jean Ziegler con membrete de los tres idiomas de La Suiza lava más blanco; National Rat, Conseil National, Consiglio Nazionale. Me daba las gracias, Ziegler –hecho novedoso entre nosotros- por un artículo mío en el que había hecho un análisis de ese duro e implacable modelo que, lavando más blanco, todo se oscurece. Como el otro título: “Suiza por encima de toda sospecha”.
Me dice, Ziegler, con bella letra vestida de tinta azul, que salude a notre commun ami, l’ambassadeur Mariel Disler. Coloco la tarjeta en uno de los libros de Ziegler –dura y terrible crítica del país que lava más blanco con las cuentas numeradas- y devuelvo los dos libros a la estantería de los países europeos. En Suiza estaba Lenin, viviendo su exilio, cuando le anunciaron que había estallado la Revolución en Rusia. No lo creyó, al principio, porque él no estaba allí, pero la Revolución había estallado.
Negoció con los alemanes el tránsito por Alemania para llegar a Rusia para vivir, en Rusia, “los diez días que conmovieron al mundo”. Así fue el título del libro de John Reed que antes estuvo con Pancho Villa y escribió “El México Insurgente”. John Reed murió en Rusia. Lo enterraron en las murallas del Kremlin. A su vera he estado en el Moscú que viviera todo eso.
A Mitt Romney le vendría bien vivir en la Suiza lava más blanco porque ha declarado –¿cómo sería como presidente?- que sus ingresos se correspondían con actividades laborales con lo cual los impuestos decrecen. Así había vivido cuando, después de ser gobernador, pensó que estaba bien ocupar el sillón de Lincoln, el del none.
Lo cierto es que los republicanos están haciendo un triste papel pre-electoral. Su viejo fanatismo y su Tea Party dan la razón a Obama que se enredó, en la malla de acero de Washington, donde los negros se creen blancos y los blancos presidentes.
Por ello la sorpresa que les dio Obama con parientes en Kenya y primos errantes en todos los continentes. Sólo por eso merecería un segundo mandato porque, del primero ha aprendido ya lo que no sabía: que Wall Street no es una calle ni un banco: es un poder abstracto e impávido que, en el fondo, quiere ser, como la Suiza que lava más blanco, que todo sea opaco. ¡Buenos días!
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
Se dice que Konrad Adenauer, el restaurador político de Alemania después del nazismo y la ocupación militar de su país por los Aliados definía, con una frase su éxito, su propia vida: “El mejor político es el que consigue permanecer más tiempo en el sillón”.
A Mitt Romney, candidato republicano en Estados Unidos, no lo han dejado, siquiera, acercarse al sillón. Le han acusado, en épocas críticas de desempleo y bancarrotas, de pagar entre un 14 y un 15% de impuestos cuando su fortuna se acerca a los 250 millones de dólares. También ha vivido la controversia, a la vez, de ser de confesión religiosa mormónica. Tiene todo el derecho y, en ese punto, no cabe admitir ninguna polémica aunque Lincoln, el liberador de los esclavos, tuvo el valor –en su tiempo- cuando le interrogaron sobre cuál era su religión, Abraham Lincoln contestó, impávido y, de una vez y para siempre así: “None”, “Ninguna”.
Fue asesinado el 14 de abril de 1865 al finalizar la Guerra Civil Norte-Sur. El día antes recibió a su hijo que venía del frente. Fue una dulce acogida. Se reunió, con él, su esposa y algunos miembros de su gabinete. Invitó a su hijo a que le acompañara, con su madre, a una función de teatro en boga: “Our American Cousin”. El hijo, deseoso de escaparse con su novia dijo que no podía ir y los secretarios de Estado tampoco tenían ganas de ver a la actriz Laura Keene, estrella de la obra. ¿Quién lo haría en México? En suma, fue el matrimonio solo. En el palco un racista le asesinó. Murió, al amanecer, sin haber pronunciado una sola palabra. Sabía que era inútil. Ahorró fuerzas para el camino.
Mitt Romney, republicano como Lincoln, no tiene el menor parecido con aquel largo cuerpo erguido, con aquella conciencia que se llamó Abraham Lincoln y, al revés que él –none- es religiosamente mormón. Se entiende que respeto esa creencia, sin más explicaciones, como otro cualquiera. Locke nos ha dejado dicho que la fe religiosa es un asunto privado.
Los mormones son adeptos a la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. Un tal Joseph Smith la afincó, en 1830, en el Estado de Nueva York.
El nombre mormón, procede del “Libro Mormón” que es considerado por sus creyentes como la palabra de Dios. Entre sus creencias, con textos misteriosos y proféticos, se señala que América fue poblada por antiguas tribus judías. Los mormones practican la poligamia y, por ello, fueron perseguidos en Estados Unidos. Joseph Smith, en ocasiones, estuvo encarcelado y sostuvo su fe. Su sucesor, Brigham Young, en nombre del Consejo de los Doce Apóstoles, condujo a los mormones por varios territorios de Estados Unidos y se establecieron en Salt Lake City y el Gran Lago Salé. La poligamia fue suprimida en 1895 –no se le puede acusar de eso a Mitt Romney- y las manifestaciones religiosas posibilitan acceder a la divinidad, la curación espiritual y el profetismo.
Una rama disidente del mormonismo (a partir de 1860) se acerca a las tradiciones cristianas, pero su celo feligrés es profundo y cierto. Se dice que hay mormones en todo el mundo. Yo no he conocido a uno, pero también es cierto que jamás he preguntado a nadie a qué religión pertenece. El ejemplo de Lincoln –y su none- me es suficiente.
Por cierto, que el día en que se reunió Lincoln con su esposa, hijo y secretarios de Estado, contó (dos días antes de ser asesinado) que había tenido un sueño extraño. Lo relató. Soñó que escuchaba, en la Casa Blanca, sollozos. Recorrió habitación tras habitación oyendo siempre los gritos. Finalmente llegó a una gran estancia y vio a la gente llorando ante un féretro. Preguntó: “¿Quién es?”. Le contestaron: “El presidente acaba de morir”.
La esposa de Lincoln, Mary Ann Tood, –tuvo cuatro hijos con Lincoln- sólo pudo hacer una frase: “Es un sueño horrible”. Lincoln le contestó: “Mujer es un sueño”. Ella estaba a su lado, en el palco del Ford Theater cuando John Wilkes Booth le disparó a bocajarro. Un policía que guardaba la puerta del palco se fue a tomar una copa, al comenzar la obra, y el asesino no tuvo problema alguno.
Mitt Romney, que gana con sus negocios alrededor de 16 millones de dólares al año, ha confesado que paga de impuestos sólo un 15% (14% dicen sus opositores) con lo que se ha producido un escándalo notable cuando Obama y su esposa declararon (incluidos los dólares de su último libro y la paga de presidente) 1,700.000 dólares y trasladaron 475,000 al fisco, pero, según su declaración racial, tiene parientes en los cinco continentes aunque pague impuestos sólo en uno.
En suma, el escándalo de los impuestos ha creado, al ex gobernador de Massachussetts, problemas poco negociables con la sociedad. Como la declaración de impuestos no es un secreto se sabe que él, modestamente, se clasifica como “ejecutivo” y a su esposa, dulce compañera de la opacidad, Ann, la define, simplemente, como “ama de casa”. ¡Qué bien!
Lo relevante es que han aparecido cuentas suyas y las de la “ama de su casa”, en ciertos paraísos fiscales –donde el dinero duerme, produce y no cotiza- y, por si ello fuera poco, tiene depósitos o los tenía en Suiza donde se lava más blanco. Algunos de nuestros políticos lo saben. En francés, “La Suisse lave plus blanc” (La Suiza lava más blanco) y “Une Suisse au-dessus de tout soupcon” (Una Suiza por encima de toda sospecha) son dos libros de un notable y erudito escritor y político suizo: Jean Ziegler de renombre europeo. Al colocar ante mí, a la hora de escribir este texto, los dos libros citados se desprendió una tarjeta de Jean Ziegler con membrete de los tres idiomas de La Suiza lava más blanco; National Rat, Conseil National, Consiglio Nazionale. Me daba las gracias, Ziegler –hecho novedoso entre nosotros- por un artículo mío en el que había hecho un análisis de ese duro e implacable modelo que, lavando más blanco, todo se oscurece. Como el otro título: “Suiza por encima de toda sospecha”.
Me dice, Ziegler, con bella letra vestida de tinta azul, que salude a notre commun ami, l’ambassadeur Mariel Disler. Coloco la tarjeta en uno de los libros de Ziegler –dura y terrible crítica del país que lava más blanco con las cuentas numeradas- y devuelvo los dos libros a la estantería de los países europeos. En Suiza estaba Lenin, viviendo su exilio, cuando le anunciaron que había estallado la Revolución en Rusia. No lo creyó, al principio, porque él no estaba allí, pero la Revolución había estallado.
Negoció con los alemanes el tránsito por Alemania para llegar a Rusia para vivir, en Rusia, “los diez días que conmovieron al mundo”. Así fue el título del libro de John Reed que antes estuvo con Pancho Villa y escribió “El México Insurgente”. John Reed murió en Rusia. Lo enterraron en las murallas del Kremlin. A su vera he estado en el Moscú que viviera todo eso.
A Mitt Romney le vendría bien vivir en la Suiza lava más blanco porque ha declarado –¿cómo sería como presidente?- que sus ingresos se correspondían con actividades laborales con lo cual los impuestos decrecen. Así había vivido cuando, después de ser gobernador, pensó que estaba bien ocupar el sillón de Lincoln, el del none.
Lo cierto es que los republicanos están haciendo un triste papel pre-electoral. Su viejo fanatismo y su Tea Party dan la razón a Obama que se enredó, en la malla de acero de Washington, donde los negros se creen blancos y los blancos presidentes.
Por ello la sorpresa que les dio Obama con parientes en Kenya y primos errantes en todos los continentes. Sólo por eso merecería un segundo mandato porque, del primero ha aprendido ya lo que no sabía: que Wall Street no es una calle ni un banco: es un poder abstracto e impávido que, en el fondo, quiere ser, como la Suiza que lava más blanco, que todo sea opaco. ¡Buenos días!
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
miércoles 25 de enero de 2012
NO SE ASUSTEN: EN USA SE HABLA DE “LUCHA DE CLASES”
Juan María Alponte
La crisis económica, el desvelamiento de la irresponsabilidad de los bancos y del sistema financiero y la existencia de 11 millones de desempleados ha colocado a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos ante un discurso nuevo. Se habla ya “del 99% contra el 1%”, es decir, la inmensa mayoría contra el 1% que concentra el Ingreso. No se asusten. Dios está en los billetes estadounidenses con un elogio inamovible al dólar.
La warfare, la lucha de clases –el comienzo de la historia según Karl Marx- aparece, enroscada como un caracol, en las empalizadas de los discursos de los candidatos. Uno ha desencadenado una pequeña tormenta.
En efecto, el candidato republicano Mitt Romney se ha encontrado ante el dilema dialéctico del pago de sus impuestos y, por tanto, con el esclarecimiento de su fortuna. Ha declarado que pagaba el 15%. ¿De cuánto? Se calcula su fortuna entre 190 y 250 millones de dólares. La gente, los votantes, se han encrespado aunque ser rico sea, para un buen protestante, una prueba de la bondad de Dios. Lo cierto es que al tiempo –¡qué países que hacen públicos los ingresos y los impuestos de los políticos!- se ha hecho notoria la hoja de impuestos del presidente Obama. Sus ingresos como presidente, incluyendo los porcentajes de su libro “The Audacity of Hope” se elevaron (The New York Times dixit), con los de su esposa, a 1,728.096 dólares al año y la pareja pagó al fisco –federal taxes- 453,770 dólares. Imagínense ustedes si los suculentos salarios de nuestros políticos estuvieran en la vorágine cotidiana del análisis de sus impuestos.
Lo cierto es que un multimillonario como Mitt Romney pretende ocupar la Casa Blanca (y sus jardines) teniendo en la bolsa 250 millones de dólares (y se cree que más) ello ha causado una notable impresión porque se le ha escapado decir que sólo ha pagado el 15% en términos fiscales.
Ello –warfare en broma-cuando Obama, al iniciar su mandato señaló que en los periodos de los Bush la concentración del Ingreso del 1% paralizó el ascenso de los estadounidenses, a las clases medias, ideal colectivo.
El New York Times del 18 de enero –así son las cosas y crecen con la lluvia- afirma que desde 1980 –¿copia la denuncia de Obama?- el impuesto federal pagado por los ricos o los más ricos ha bajado significativamente –significantly- para los privilegiados durante las últimas décadas. En suma, en teoría, los ricos pagan menos que los pobres normales.
El New York Times subraya –en página interna, esto es, en la página 12- que entre 1985 y el año 2008 los 400 más ricos de los Estados Unidos vieron descender sus impuestos del 29% al 18% (Romney, al parecer, tiene más suerte porque paga el 15%) según el Internal Revenue Service.
El New York Times recuerda, en orden a ese tema, que el billionaire (no el pobre millonario) Warren E. Buffet afirmó públicamente que era una vergüenza que él pagara sólo el 17% de sus ingresos, esto es, menos –eso dijo- “que su secretaria o los 19 empleados de su oficina”.
Dado que la fortuna de Warren Buffet se eleva (según Forbes, revista sagrada de los muy ricos) a 47,000 millones de dólares y paga menos impuestos que su secretaria, no hay duda que algo está mal. Al fin y al cabo sólo aumentó su fortuna (Forbes, April 26, 2010) en 10,000 millones mientras Carlos Slim, en el mismo número de la revista sacré, la vio crecer en 18,500 para llegar a los 53,500 millones de dólares y colocarse en el primer lugar del mundo. Antes que Bill Gates con 53,000 millones de dólares.
No sé lo que ganará la secretaria de Carlos Slim –no quiero inquietarme por ella porque seguramente será mucho- pero no menos interesante me parece el caso de Guzmán Loera –el Chapo- que aparece, en Forbes, con una fortuna de mil millones de dólares. ¿Cuánto pagará de impuestos? Nadie lo sabe.
Azcárraga Jean aparece con 1,500 millones de dólares, pero la revista no dice cuánto gana su secretaria. No obstante, A. Bailleres, también de México, emerge con una fortuna de 8,300 millones lo que le acerca a los ricos de verdad. Tampoco tenemos noticia de lo que gana su secretaria. Espero, al menos, que esté feliz. Por lo demás hay un puñado de mexicanos que –pocos más de los dedos de una mano- que se sitúan en los mil millones. Lo que no hay duda es que los millonarios chinos –sus secretarias las pagará el Estado- han crecido desmesuradamente y, algunos han dejado el status de los pobres (mil millones) para ser catalogados como billionaires. Que tengan suerte sus secretarias.
En orden a la lucha de clases cabe decir que después de la Gran Depresión de 1929 y hasta 1945 (cuando la II Guerra Mundial resolvió el paro y todo) las elecciones presidenciales fueron, normalmente, de personalidades, como Roosevelt, cuatro veces reelecto, perteneciente a las clases elevadas del país.
Lo fascinante, desde el punto de vista de la lucha de clases –para que no se lo crea el New York Times- es que no es ni medio serio evocar a Karl Marx.
En las elecciones presidenciales de 1932, en medio de la catástrofe de la Bolsa y el Desempleo, el voto popular se elevó a 39,754.675 personas. De ellas varios millones estaban sin empleo y comían en los “restaurantes” de los conventos o de las buenas damas. Todavía, en ese año, 1932, Hoover –responsable de la catástrofe financiera- tuvo, todavía, 15.7 millones de votos superado por un patriarca, 22.8 millones, que se llamaba Franklin Delano Roosevelt.
En ese año, con la miseria social en su plenitud, Norman Thomas, candidato honorable del Partido Socialista, contó con 884,649 votos. En la elección de 1936 (Roosevelt obtuvo 27,757.333), Norman Thomas, todavía con un desempleo muy alto, vio reducir su clientela a 187,833 votos; en la de 1940, reelegido Roosevelt, contó (no debió esforzarse mucho) con 116,410 adhesiones. Historia electoral terminada.
Estados Unidos entró en la contienda mundial, que se había iniciado en 1939, en 1941. Los millones de desempleados fueron movilizados y la Industria de Guerra terminó con la Gran Depresión. Roosevelt, en su cuarto periodo, obtuvo 25,612.610 votos; el demócrata Dewey 22,017.617…y Norman Thomas, del Partido Socialista, 79,003. Después lo enterraron. ¿Para qué estar entre los vivos?
Hoy, con un desempleo superior al 8% de la PEA y con serios problemas bancarios y financieros, la secretaria de Warren E. Buffet sigue siendo un personaje del romance norteamericano con la novela ingenua de la lucha de clases. Ha sido cimentado, en síntesis, un sistema de poder que, inclusive en el tránsito hacia el segundo puesto en el mundo, se niega a pensar que ese sistema ha sido herido en su centro medular: hacer ostensible que la ética y el poder no han llegado nunca a un acuerdo con la secretaria de los Warren Buffet.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
La crisis económica, el desvelamiento de la irresponsabilidad de los bancos y del sistema financiero y la existencia de 11 millones de desempleados ha colocado a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos ante un discurso nuevo. Se habla ya “del 99% contra el 1%”, es decir, la inmensa mayoría contra el 1% que concentra el Ingreso. No se asusten. Dios está en los billetes estadounidenses con un elogio inamovible al dólar.
La warfare, la lucha de clases –el comienzo de la historia según Karl Marx- aparece, enroscada como un caracol, en las empalizadas de los discursos de los candidatos. Uno ha desencadenado una pequeña tormenta.
En efecto, el candidato republicano Mitt Romney se ha encontrado ante el dilema dialéctico del pago de sus impuestos y, por tanto, con el esclarecimiento de su fortuna. Ha declarado que pagaba el 15%. ¿De cuánto? Se calcula su fortuna entre 190 y 250 millones de dólares. La gente, los votantes, se han encrespado aunque ser rico sea, para un buen protestante, una prueba de la bondad de Dios. Lo cierto es que al tiempo –¡qué países que hacen públicos los ingresos y los impuestos de los políticos!- se ha hecho notoria la hoja de impuestos del presidente Obama. Sus ingresos como presidente, incluyendo los porcentajes de su libro “The Audacity of Hope” se elevaron (The New York Times dixit), con los de su esposa, a 1,728.096 dólares al año y la pareja pagó al fisco –federal taxes- 453,770 dólares. Imagínense ustedes si los suculentos salarios de nuestros políticos estuvieran en la vorágine cotidiana del análisis de sus impuestos.
Lo cierto es que un multimillonario como Mitt Romney pretende ocupar la Casa Blanca (y sus jardines) teniendo en la bolsa 250 millones de dólares (y se cree que más) ello ha causado una notable impresión porque se le ha escapado decir que sólo ha pagado el 15% en términos fiscales.
Ello –warfare en broma-cuando Obama, al iniciar su mandato señaló que en los periodos de los Bush la concentración del Ingreso del 1% paralizó el ascenso de los estadounidenses, a las clases medias, ideal colectivo.
El New York Times del 18 de enero –así son las cosas y crecen con la lluvia- afirma que desde 1980 –¿copia la denuncia de Obama?- el impuesto federal pagado por los ricos o los más ricos ha bajado significativamente –significantly- para los privilegiados durante las últimas décadas. En suma, en teoría, los ricos pagan menos que los pobres normales.
El New York Times subraya –en página interna, esto es, en la página 12- que entre 1985 y el año 2008 los 400 más ricos de los Estados Unidos vieron descender sus impuestos del 29% al 18% (Romney, al parecer, tiene más suerte porque paga el 15%) según el Internal Revenue Service.
El New York Times recuerda, en orden a ese tema, que el billionaire (no el pobre millonario) Warren E. Buffet afirmó públicamente que era una vergüenza que él pagara sólo el 17% de sus ingresos, esto es, menos –eso dijo- “que su secretaria o los 19 empleados de su oficina”.
Dado que la fortuna de Warren Buffet se eleva (según Forbes, revista sagrada de los muy ricos) a 47,000 millones de dólares y paga menos impuestos que su secretaria, no hay duda que algo está mal. Al fin y al cabo sólo aumentó su fortuna (Forbes, April 26, 2010) en 10,000 millones mientras Carlos Slim, en el mismo número de la revista sacré, la vio crecer en 18,500 para llegar a los 53,500 millones de dólares y colocarse en el primer lugar del mundo. Antes que Bill Gates con 53,000 millones de dólares.
No sé lo que ganará la secretaria de Carlos Slim –no quiero inquietarme por ella porque seguramente será mucho- pero no menos interesante me parece el caso de Guzmán Loera –el Chapo- que aparece, en Forbes, con una fortuna de mil millones de dólares. ¿Cuánto pagará de impuestos? Nadie lo sabe.
Azcárraga Jean aparece con 1,500 millones de dólares, pero la revista no dice cuánto gana su secretaria. No obstante, A. Bailleres, también de México, emerge con una fortuna de 8,300 millones lo que le acerca a los ricos de verdad. Tampoco tenemos noticia de lo que gana su secretaria. Espero, al menos, que esté feliz. Por lo demás hay un puñado de mexicanos que –pocos más de los dedos de una mano- que se sitúan en los mil millones. Lo que no hay duda es que los millonarios chinos –sus secretarias las pagará el Estado- han crecido desmesuradamente y, algunos han dejado el status de los pobres (mil millones) para ser catalogados como billionaires. Que tengan suerte sus secretarias.
En orden a la lucha de clases cabe decir que después de la Gran Depresión de 1929 y hasta 1945 (cuando la II Guerra Mundial resolvió el paro y todo) las elecciones presidenciales fueron, normalmente, de personalidades, como Roosevelt, cuatro veces reelecto, perteneciente a las clases elevadas del país.
Lo fascinante, desde el punto de vista de la lucha de clases –para que no se lo crea el New York Times- es que no es ni medio serio evocar a Karl Marx.
En las elecciones presidenciales de 1932, en medio de la catástrofe de la Bolsa y el Desempleo, el voto popular se elevó a 39,754.675 personas. De ellas varios millones estaban sin empleo y comían en los “restaurantes” de los conventos o de las buenas damas. Todavía, en ese año, 1932, Hoover –responsable de la catástrofe financiera- tuvo, todavía, 15.7 millones de votos superado por un patriarca, 22.8 millones, que se llamaba Franklin Delano Roosevelt.
En ese año, con la miseria social en su plenitud, Norman Thomas, candidato honorable del Partido Socialista, contó con 884,649 votos. En la elección de 1936 (Roosevelt obtuvo 27,757.333), Norman Thomas, todavía con un desempleo muy alto, vio reducir su clientela a 187,833 votos; en la de 1940, reelegido Roosevelt, contó (no debió esforzarse mucho) con 116,410 adhesiones. Historia electoral terminada.
Estados Unidos entró en la contienda mundial, que se había iniciado en 1939, en 1941. Los millones de desempleados fueron movilizados y la Industria de Guerra terminó con la Gran Depresión. Roosevelt, en su cuarto periodo, obtuvo 25,612.610 votos; el demócrata Dewey 22,017.617…y Norman Thomas, del Partido Socialista, 79,003. Después lo enterraron. ¿Para qué estar entre los vivos?
Hoy, con un desempleo superior al 8% de la PEA y con serios problemas bancarios y financieros, la secretaria de Warren E. Buffet sigue siendo un personaje del romance norteamericano con la novela ingenua de la lucha de clases. Ha sido cimentado, en síntesis, un sistema de poder que, inclusive en el tránsito hacia el segundo puesto en el mundo, se niega a pensar que ese sistema ha sido herido en su centro medular: hacer ostensible que la ética y el poder no han llegado nunca a un acuerdo con la secretaria de los Warren Buffet.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
martes 24 de enero de 2012
CHINA Y TAIWÁN ¿HASTA CUÁNDO SEPARADAS?
Juan María Alponte
La historia de las dos Chinas es la historia de una gran crisis asiática. Comienza, por un hecho histórico que permite plantearnos otros problemas. En efecto, 1911, un hombre llamado Sun Yat-Sen, médico educado en Honolulu, en Cantón, –Queen’s College- y en Hong Kong, convertido al cristianismo y partidario, sin embargo, de la teoría evolucionista de Darwin, se transformará, en la China imperial, en una especie nueva: la del nacionalismo democrático.
Había nacido en 1885 y pasó a ser un teórico de la modernidad y, cabe decirlo, en el primer hombre de Estado moderno de China. Sus años de experiencia fuera de China le conducen a crear un partido político, el Kuomintang (Partido Nacionalista del Pueblo) y, en 1911, derriba la monarquía imperial, proclama la República y pasa a ser su primer presidente.
Todo demasiado fácil y simple. China, un enorme país complejo, genera una oposición inmediata y Sun es reemplazado, en 1913, por Yuan Shin-Kai y obligado a la clandestinidad. En esa situación Sun Yat-Sen precisará su pensamiento político en un texto famoso: Las Lecciones sobre los Tres Principios (1924). Los tres principios de Sun Yat-Sen gravitarán sobre el nacionalismo, la democracia y el socialismo.
Sun Yat-Sen muere en 1925 dejando, tras sí, una gran crisis política y cultural. Los comunistas, a su muerte, rompen el acuerdo de Sun Yat-Sen, esto es, con la burguesía nacional, abandonan el Kuomintang dirigido ya por el mariscal Chiang Kai-Chek y se produce una guerra civil.
En efecto, Chiang Kai-Chek (en cantonés Chiang Chieh-Sihn), a la muerte de Sun Yat-Sen aspira a su sucesión política (se casó con la hija del banquero Soon) y en las vicisitudes de las alianzas favorece la fusión del Kuomintang y el Partido Comunista (el Frente Unido) y se convierte en una figura central del poder. Finalmente rompe con el Partido Comunista y pasa a ser el centro del poder militar. La ruptura con los comunistas significó la represión. Yo pregunté un día a Chu-En-Lai en un viaje a Tachai, en el tren, sobre cómo se había salvado, en Shanghai, de la persecución. Me dijo, simplemente “que escapándose por las alcantarillas”.
Entre 1942-1945 Chiang se hizo reconocer entre las grandes potencias como uno de los 5 grandes: con USA, URSS, Francia e Inglaterra. En suma, China parecía encontrar un modelo. Falso. La guerra civil, encabezada por el Partido Comunista de Mao conducirá, en 1949, a la proclamación de la República Popular y las tropas de Chiang Kai-Chek, con núcleos populares, abandonan China, con la ayuda de la flota estadounidense y se asientan en la Isla de Taiwán (la antigua Isla Formosa de los portugueses) y se establece, allí, un gobierno autónomo que contó con la ayuda económica –y militar- de Estados Unidos.
Es patente que esa síntesis no recupera la hazaña de Mao unificando el país e imponiendo su posición. Detallo sólo lo más eminente para asumir un hecho notable: que, de un lado la China post-maoísta (Mao muere en 1976) y, del otro, la China de Taiwán, separadas por el Estrecho de Formosa, han sobrevivido a la escisión para transformarse en dos sistemas políticamente distintos y, a la vez, revolucionando de tal forma su economía que, en estos momentos, el antagonismo se confronta con un diálogo subterráneo que invita a pensar hasta dónde puede llegar como proceso dialógico e intereses comunes.
Taiwán ha logrado tal mutación que con sus 23.3 millones de habitantes se ha transformado en un notable sistema económico y tecnológicamente moderno que ha posibilitado que su PIB per cápita sea de 22,170 dólares (algo más del doble que México) mientras China, a su vez, con 1,330 millones de habitantes y 6,120 dólares per cápita (datos, estos últimos de The Economist, The World in 2011) se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo (desplazando a Japón) y nadie duda, incluidos los Estados Unidos, que en una generación superará a Estados Unidos. Ello en las dimensiones globales. Todavía, en términos de PIB per cápita, China cuenta con 6,129 dólares, notablemente menos que Taiwán, pero funcionando, a escala, como una súper-potencia.
Cabe preguntarse, y la interrogación es dramática, qué ocurrirá con China cuando su PIB per cápita sea el estadounidense (49,340 dólares) y, por tanto, la demanda de 1,400 millones de chinos tenga el poder de compra de Estados Unidos. Se trata de un problema gigantesco que China está ya sopesando. En efecto, está comprando vastos territorios en el mundo para atender a su demanda interna, cada vez más compleja, de toda clase de alimentos y de productos. Imagínense, por ejemplo, el día que un chino tenga el consumo de energía de un estadounidense. Hablamos de un gigantesco estallido a escala.
Justamente por ello, la experiencia modernizadora de Taiwán aparece, para los chinos continentales, como una prueba de que es posible llegar a los altos niveles per cápita. Añádanse a ello los “laboratorios” asiáticos de Hong Kong y Singapur.
Hong Kong, con 7.2 millones de habitantes tiene ya 36,650 dólares per cápita y Singapur, a su vez, (con 5.4 millones de habitantes) cuenta con 52,220 dólares por persona. Esos dos laboratorios, más Taiwán y Corea del Sur son los más avanzados del Asia contemporánea.
Corea del Sur comenzó, como México, siendo un país ensamblador o maquilador. México continúa siéndolo, pero Corea del Sur ha logrado una transformación tecnológica que ha colocado a sus 50 millones de habitantes en un nivel muy superior a México, es decir, con 22,170 dólares per cápita.
Por tanto, el incipiente diálogo Taiwán-China continental no es un tema menor, sino de enorme significación. El viejo pasado (Chiang Kai-Chek murió en 1975, un año antes que Mao) replantea, en Asia entera, las mutaciones que cambiarán la correlación de fuerzas mundiales y, desde luego, el viejo equilibrio occidental.
Hay que prepararse para ello, sobre todo México, que sigue dependiendo de la economía estadounidense y, en consecuencia, sufriendo las tensiones de una crisis financiera y bancaria que obliga a una versión nueva del proceso económico.
Sin embargo, el discurso político, lamentable, parece contemplar, solamente, un mundo que ya no es el mundo dominante. Desde el inicio de 2010, por ejemplo, Taiwán y China han firmado ya tres acuerdos financieros y bancarios, otro que afecta a inversiones recíprocas y la cooperación crece progresivamente en un mundo –Asia- que vive, a su vez, con el despertador en la almohada.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
La historia de las dos Chinas es la historia de una gran crisis asiática. Comienza, por un hecho histórico que permite plantearnos otros problemas. En efecto, 1911, un hombre llamado Sun Yat-Sen, médico educado en Honolulu, en Cantón, –Queen’s College- y en Hong Kong, convertido al cristianismo y partidario, sin embargo, de la teoría evolucionista de Darwin, se transformará, en la China imperial, en una especie nueva: la del nacionalismo democrático.
Había nacido en 1885 y pasó a ser un teórico de la modernidad y, cabe decirlo, en el primer hombre de Estado moderno de China. Sus años de experiencia fuera de China le conducen a crear un partido político, el Kuomintang (Partido Nacionalista del Pueblo) y, en 1911, derriba la monarquía imperial, proclama la República y pasa a ser su primer presidente.
Todo demasiado fácil y simple. China, un enorme país complejo, genera una oposición inmediata y Sun es reemplazado, en 1913, por Yuan Shin-Kai y obligado a la clandestinidad. En esa situación Sun Yat-Sen precisará su pensamiento político en un texto famoso: Las Lecciones sobre los Tres Principios (1924). Los tres principios de Sun Yat-Sen gravitarán sobre el nacionalismo, la democracia y el socialismo.
Sun Yat-Sen muere en 1925 dejando, tras sí, una gran crisis política y cultural. Los comunistas, a su muerte, rompen el acuerdo de Sun Yat-Sen, esto es, con la burguesía nacional, abandonan el Kuomintang dirigido ya por el mariscal Chiang Kai-Chek y se produce una guerra civil.
En efecto, Chiang Kai-Chek (en cantonés Chiang Chieh-Sihn), a la muerte de Sun Yat-Sen aspira a su sucesión política (se casó con la hija del banquero Soon) y en las vicisitudes de las alianzas favorece la fusión del Kuomintang y el Partido Comunista (el Frente Unido) y se convierte en una figura central del poder. Finalmente rompe con el Partido Comunista y pasa a ser el centro del poder militar. La ruptura con los comunistas significó la represión. Yo pregunté un día a Chu-En-Lai en un viaje a Tachai, en el tren, sobre cómo se había salvado, en Shanghai, de la persecución. Me dijo, simplemente “que escapándose por las alcantarillas”.
Entre 1942-1945 Chiang se hizo reconocer entre las grandes potencias como uno de los 5 grandes: con USA, URSS, Francia e Inglaterra. En suma, China parecía encontrar un modelo. Falso. La guerra civil, encabezada por el Partido Comunista de Mao conducirá, en 1949, a la proclamación de la República Popular y las tropas de Chiang Kai-Chek, con núcleos populares, abandonan China, con la ayuda de la flota estadounidense y se asientan en la Isla de Taiwán (la antigua Isla Formosa de los portugueses) y se establece, allí, un gobierno autónomo que contó con la ayuda económica –y militar- de Estados Unidos.
Es patente que esa síntesis no recupera la hazaña de Mao unificando el país e imponiendo su posición. Detallo sólo lo más eminente para asumir un hecho notable: que, de un lado la China post-maoísta (Mao muere en 1976) y, del otro, la China de Taiwán, separadas por el Estrecho de Formosa, han sobrevivido a la escisión para transformarse en dos sistemas políticamente distintos y, a la vez, revolucionando de tal forma su economía que, en estos momentos, el antagonismo se confronta con un diálogo subterráneo que invita a pensar hasta dónde puede llegar como proceso dialógico e intereses comunes.
Taiwán ha logrado tal mutación que con sus 23.3 millones de habitantes se ha transformado en un notable sistema económico y tecnológicamente moderno que ha posibilitado que su PIB per cápita sea de 22,170 dólares (algo más del doble que México) mientras China, a su vez, con 1,330 millones de habitantes y 6,120 dólares per cápita (datos, estos últimos de The Economist, The World in 2011) se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo (desplazando a Japón) y nadie duda, incluidos los Estados Unidos, que en una generación superará a Estados Unidos. Ello en las dimensiones globales. Todavía, en términos de PIB per cápita, China cuenta con 6,129 dólares, notablemente menos que Taiwán, pero funcionando, a escala, como una súper-potencia.
Cabe preguntarse, y la interrogación es dramática, qué ocurrirá con China cuando su PIB per cápita sea el estadounidense (49,340 dólares) y, por tanto, la demanda de 1,400 millones de chinos tenga el poder de compra de Estados Unidos. Se trata de un problema gigantesco que China está ya sopesando. En efecto, está comprando vastos territorios en el mundo para atender a su demanda interna, cada vez más compleja, de toda clase de alimentos y de productos. Imagínense, por ejemplo, el día que un chino tenga el consumo de energía de un estadounidense. Hablamos de un gigantesco estallido a escala.
Justamente por ello, la experiencia modernizadora de Taiwán aparece, para los chinos continentales, como una prueba de que es posible llegar a los altos niveles per cápita. Añádanse a ello los “laboratorios” asiáticos de Hong Kong y Singapur.
Hong Kong, con 7.2 millones de habitantes tiene ya 36,650 dólares per cápita y Singapur, a su vez, (con 5.4 millones de habitantes) cuenta con 52,220 dólares por persona. Esos dos laboratorios, más Taiwán y Corea del Sur son los más avanzados del Asia contemporánea.
Corea del Sur comenzó, como México, siendo un país ensamblador o maquilador. México continúa siéndolo, pero Corea del Sur ha logrado una transformación tecnológica que ha colocado a sus 50 millones de habitantes en un nivel muy superior a México, es decir, con 22,170 dólares per cápita.
Por tanto, el incipiente diálogo Taiwán-China continental no es un tema menor, sino de enorme significación. El viejo pasado (Chiang Kai-Chek murió en 1975, un año antes que Mao) replantea, en Asia entera, las mutaciones que cambiarán la correlación de fuerzas mundiales y, desde luego, el viejo equilibrio occidental.
Hay que prepararse para ello, sobre todo México, que sigue dependiendo de la economía estadounidense y, en consecuencia, sufriendo las tensiones de una crisis financiera y bancaria que obliga a una versión nueva del proceso económico.
Sin embargo, el discurso político, lamentable, parece contemplar, solamente, un mundo que ya no es el mundo dominante. Desde el inicio de 2010, por ejemplo, Taiwán y China han firmado ya tres acuerdos financieros y bancarios, otro que afecta a inversiones recíprocas y la cooperación crece progresivamente en un mundo –Asia- que vive, a su vez, con el despertador en la almohada.
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