Juan María Alponte
La historia de las dos Chinas es la historia de una gran crisis asiática. Comienza, por un hecho histórico que permite plantearnos otros problemas. En efecto, 1911, un hombre llamado Sun Yat-Sen, médico educado en Honolulu, en Cantón, –Queen’s College- y en Hong Kong, convertido al cristianismo y partidario, sin embargo, de la teoría evolucionista de Darwin, se transformará, en la China imperial, en una especie nueva: la del nacionalismo democrático.
Había nacido en 1885 y pasó a ser un teórico de la modernidad y, cabe decirlo, en el primer hombre de Estado moderno de China. Sus años de experiencia fuera de China le conducen a crear un partido político, el Kuomintang (Partido Nacionalista del Pueblo) y, en 1911, derriba la monarquía imperial, proclama la República y pasa a ser su primer presidente.
Todo demasiado fácil y simple. China, un enorme país complejo, genera una oposición inmediata y Sun es reemplazado, en 1913, por Yuan Shin-Kai y obligado a la clandestinidad. En esa situación Sun Yat-Sen precisará su pensamiento político en un texto famoso: Las Lecciones sobre los Tres Principios (1924). Los tres principios de Sun Yat-Sen gravitarán sobre el nacionalismo, la democracia y el socialismo.
Sun Yat-Sen muere en 1925 dejando, tras sí, una gran crisis política y cultural. Los comunistas, a su muerte, rompen el acuerdo de Sun Yat-Sen, esto es, con la burguesía nacional, abandonan el Kuomintang dirigido ya por el mariscal Chiang Kai-Chek y se produce una guerra civil.
En efecto, Chiang Kai-Chek (en cantonés Chiang Chieh-Sihn), a la muerte de Sun Yat-Sen aspira a su sucesión política (se casó con la hija del banquero Soon) y en las vicisitudes de las alianzas favorece la fusión del Kuomintang y el Partido Comunista (el Frente Unido) y se convierte en una figura central del poder. Finalmente rompe con el Partido Comunista y pasa a ser el centro del poder militar. La ruptura con los comunistas significó la represión. Yo pregunté un día a Chu-En-Lai en un viaje a Tachai, en el tren, sobre cómo se había salvado, en Shanghai, de la persecución. Me dijo, simplemente “que escapándose por las alcantarillas”.
Entre 1942-1945 Chiang se hizo reconocer entre las grandes potencias como uno de los 5 grandes: con USA, URSS, Francia e Inglaterra. En suma, China parecía encontrar un modelo. Falso. La guerra civil, encabezada por el Partido Comunista de Mao conducirá, en 1949, a la proclamación de la República Popular y las tropas de Chiang Kai-Chek, con núcleos populares, abandonan China, con la ayuda de la flota estadounidense y se asientan en la Isla de Taiwán (la antigua Isla Formosa de los portugueses) y se establece, allí, un gobierno autónomo que contó con la ayuda económica –y militar- de Estados Unidos.
Es patente que esa síntesis no recupera la hazaña de Mao unificando el país e imponiendo su posición. Detallo sólo lo más eminente para asumir un hecho notable: que, de un lado la China post-maoísta (Mao muere en 1976) y, del otro, la China de Taiwán, separadas por el Estrecho de Formosa, han sobrevivido a la escisión para transformarse en dos sistemas políticamente distintos y, a la vez, revolucionando de tal forma su economía que, en estos momentos, el antagonismo se confronta con un diálogo subterráneo que invita a pensar hasta dónde puede llegar como proceso dialógico e intereses comunes.
Taiwán ha logrado tal mutación que con sus 23.3 millones de habitantes se ha transformado en un notable sistema económico y tecnológicamente moderno que ha posibilitado que su PIB per cápita sea de 22,170 dólares (algo más del doble que México) mientras China, a su vez, con 1,330 millones de habitantes y 6,120 dólares per cápita (datos, estos últimos de The Economist, The World in 2011) se ha convertido en la segunda potencia económica del mundo (desplazando a Japón) y nadie duda, incluidos los Estados Unidos, que en una generación superará a Estados Unidos. Ello en las dimensiones globales. Todavía, en términos de PIB per cápita, China cuenta con 6,129 dólares, notablemente menos que Taiwán, pero funcionando, a escala, como una súper-potencia.
Cabe preguntarse, y la interrogación es dramática, qué ocurrirá con China cuando su PIB per cápita sea el estadounidense (49,340 dólares) y, por tanto, la demanda de 1,400 millones de chinos tenga el poder de compra de Estados Unidos. Se trata de un problema gigantesco que China está ya sopesando. En efecto, está comprando vastos territorios en el mundo para atender a su demanda interna, cada vez más compleja, de toda clase de alimentos y de productos. Imagínense, por ejemplo, el día que un chino tenga el consumo de energía de un estadounidense. Hablamos de un gigantesco estallido a escala.
Justamente por ello, la experiencia modernizadora de Taiwán aparece, para los chinos continentales, como una prueba de que es posible llegar a los altos niveles per cápita. Añádanse a ello los “laboratorios” asiáticos de Hong Kong y Singapur.
Hong Kong, con 7.2 millones de habitantes tiene ya 36,650 dólares per cápita y Singapur, a su vez, (con 5.4 millones de habitantes) cuenta con 52,220 dólares por persona. Esos dos laboratorios, más Taiwán y Corea del Sur son los más avanzados del Asia contemporánea.
Corea del Sur comenzó, como México, siendo un país ensamblador o maquilador. México continúa siéndolo, pero Corea del Sur ha logrado una transformación tecnológica que ha colocado a sus 50 millones de habitantes en un nivel muy superior a México, es decir, con 22,170 dólares per cápita.
Por tanto, el incipiente diálogo Taiwán-China continental no es un tema menor, sino de enorme significación. El viejo pasado (Chiang Kai-Chek murió en 1975, un año antes que Mao) replantea, en Asia entera, las mutaciones que cambiarán la correlación de fuerzas mundiales y, desde luego, el viejo equilibrio occidental.
Hay que prepararse para ello, sobre todo México, que sigue dependiendo de la economía estadounidense y, en consecuencia, sufriendo las tensiones de una crisis financiera y bancaria que obliga a una versión nueva del proceso económico.
Sin embargo, el discurso político, lamentable, parece contemplar, solamente, un mundo que ya no es el mundo dominante. Desde el inicio de 2010, por ejemplo, Taiwán y China han firmado ya tres acuerdos financieros y bancarios, otro que afecta a inversiones recíprocas y la cooperación crece progresivamente en un mundo –Asia- que vive, a su vez, con el despertador en la almohada.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
martes 24 de enero de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada