lunes 23 de enero de 2012

GRATITUD CONMOVIDA A LA GENERACIÓN 2008-2012 DE CIENCIAS POLÍTICAS Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Juan María Alponte

Seguramente, después de miles de artículos y 35 libros, este artículo será el que más me haya costado escribir. Ello así porque nunca, por ninguna causa, hubiera pensado que la Generación 2008-2012 de Ciencias Políticas y Administración Pública, en su día de fiesta y de alborozo de sus familias –el de la entrada en la densa vida de profesionales con la pasión ardiente de la epifanía- me eligieran como el profesor de esa generación, en esa jornada, ya anochecido el día en el esplendor del Colegio de las Vizcaínas, en el Centro histórico humboldtiano.
Estaba en la mesa que me habían señalado –en un espacio físico de risas y alborozos contenidos y profundos- con colegas brillantes de la Facultad de Ciencias Políticas y mi Adjunto, notable, José Antonio, cuando el ancho número de jóvenes licenciadas y licenciados sonrientes y fraternos de la Generación, unánime, se pusieron a gritar “Alponte, Alponte, Alponte”. No podía entender lo que ocurría. Solamente me llegó, entre el vocerío, una densa cauda de cálida y fraterna simpatía. Me preguntaba: “¿Qué les pasa?”.
Me explicó, el maestro Quijano, que la elección que había hecho esa Generación –yo no sé nada de esas cosas- y el ejercicio de selección del profesor de la generación se hace en voto secreto.
En medio del tumulto –más del golpe del corazón que de otra cosa- intenté construir unas palabras que pudieran recuperar, en mi propio desconcierto, algo que pudiera ser significativo. Recordé, repentinamente, de mis viajes a la Inda, un mensaje de Gandhi que puebla mi cabeza y me guía.
En efecto, Gandhi asumía, en el largo y apasionante discurso de su vida-muerte, –asesinado- que tres palabras definían, en el silencio del tiempo, su mensaje, mensaje que, aún, puebla la tierra: Sat, Chit, Ahimsa.
Las escribo aquí, de nuevo, porque sé muy bien que estaba tan conmovido que difícilmente se me entendía –cosa que es bastante rara en el hombre que soy- y, por ello, las recodifico, de nuevo, en el temple del alma. Sat es una voz que procede de la palabra satya que significa verdad y, para Gandhi, no existía mensaje alguno con mayor fuerza que la verdad, esto es, que la fuerza de la verdad o satyagraha.
La segunda voz es Chit que significa conocimiento. Juntas, tensas en el espacio radical de la existencia, la verdad y el conocimiento, conforman una enorme potencia espiritual que está por encima de toda fabulación de intereses.
Añadí una tercera voz, en el espíritu de esos minutos ante una generación dichosa con sus novias, novios, padres y hermanos transitados por la alegría, y esa tercera voz es, sin más, Ahimsa. Esa palabra se traduce como amor.
Pensé, en esos instantes arrebatados, que no podía ofrecer a esa generación que me había elegido como profesor, nada mejor que ese universo dialéctico que me ha guiado a mí, a lo largo de los años y decenios de enseñar y aprender: la verdad, el conocimiento y el amor. Gandhi añadía que la verdad, que la fuerza de la verdad, la satyagraha, sin el amor, era una proposición a la que le faltaba nada menos que el alma, el espíritu.
Eso quise decir. Ese día viernes se cerraba para mí, en la noche, con la cita en el Colegio de las Vizcaínas –así decía la invitación y el Colegio es una joya más en la Ciudad de los Palacios de Humboldt- una jornada agotadora y casi no llego.
En efecto, a las 8:30 de la mañana de ese viernes –y había trabajado en la noche hasta casi el amanecer- vinieron a buscarme del Instituto Electoral del Estado de México. Tenía que dar una conferencia a las 11:00 horas. El recorrido, en la ciudad colapsada, es largo, denso. Terminado mi trabajo, amables y generosos, me devolvieron a casa en el río alborotado del automovilismo enjaulado en el “yo primero” y “tú cuando puedas”.
Ma. Luisa, mi secretaria, no me dejó dudas: “Ya sabe que tiene que estar a las 20:00 horas en el mero Centro, en el Colegio de las Vizcaínas”. No lo quería ni oír, pero lo oí. Así llegué –me llevaron- y desfilando entre los homicidas del volante, hasta el mero Centro de la Ciudad. Llegué a tiempo –después del viaje a Toluca uno sale curtido- para ver, en ese magnífico escenario de piedra y viento de voces de los siglos, la alborozada trama familiar de los nuevos profesionales mexicanos con sus familias vestidas de alborozo y un contento de niños animados por una Ahimsa, recíproca y exaltadora –justamente- por la maravilla de haber terminado un proyecto profesional coronado por la paideia, es decir, por la educación y por el conocimiento: el Chit gandhiano.
Eso es todo lo que sabía –poco- cuando me senté en mi mesa. Entre los colegas brillantes el maestro Quijano, que había tenido la generosidad de presidir el curso de diez conferencias que di, hace unas semanas, en el INAP, me relataba su viaje a Brasil y me hacía referencia a la seguridad de los brasileiros, a su contento de vivir –la alegría es “ananda”, nombre también de mujer en el lenguaje gandhiano- y a su clara sensación de que, como país, Brasil está en la vía derecha.
Yo, que sentía lo mismo del Brasil y que he vivido en esos paisajes, me sentía confortado por la idea, inmensa y memorable en su significado ético y social, que los brasileiros se sientan bien construyendo el mundo desde su mundo. Fue en ese momento en el que escuché el tumulto de “Alponte, Alponte, Alponte”. Pensé que se habían bebido todas las botellas de ron (en las mesas sólo había agua y refrescos) o alguna hierba milagrosa.
No era así. Supe por el notable maestro Quijano –que sabe de todo- que me habían elegido como Profesor de la Generación por voto secreto. Todavía siento el asombro que me produjo ese tumulto afectuoso, cálido, que me rodeó un momento con la asombrosa potencia del Ahimsa.
Mi generoso y lúcido colega de la Facultad, Jorge Márquez, a quien relaté mi confusión por lo que me había ocurrido, me indicó: “Da las gracias a la Generación de Ciencias Políticas y de Administración Pública en uno de tus artículos”.
Aquí dejo, enhiestas, solícitas, y cálidas, las palabras de agradecimiento por la distinción que me han hecho. Sé que tendrán que remar cuesta arriba, lo que yo hago, todavía, cada jornada, pero sí llevan a hombros, con claridad y serenidad la verdad, el conocimiento y el amor transitarán, sin duda, por la palestra de la vida con sabiduría y con oráculos favorables para llegar al puerto, al limen de los griegos, con la compañía, dichosa, del daimon que protegiera y enseñara, siempre, a Sócrates. Él decía –Sócrates- que su daimon era, a la vez, voz interior, genio generoso y guardián de su existencia que sabemos, sin más, que fue memorable. Platón lo dejó claro para siempre.
Eso es lo que, ahora, aún conmovido, traslado a esa Generación que me hizo suyo. Ni una sola palabra más que no condense la Ahimsa.

E-mail: alponte@prodigy.net.mx

7 comentarios:

  1. Muchas felicidades por dicha mención profesor. Yo soy alumno de esa generación 2008-2012 y quiero decirle que fue una gran dicha para mí conocerle y escuchar su mensaje. Le confieso que usted influyó muchísismo para purificar mi interpretación de la vida.

    Siempre me pregunté ¿cuál será el método de estudio y análisis del profesor Alponte? y siempre tuve una idea vaga al respecto, pero con esas palabras, por fin lo entiendo perfectamente: Verdad, Conocimiento y Amor. Me doy cuenta ahora que no podría ser menos que eso.

    Nuevamente le agradezco su humanismo, le deseo muchos años más de vida y lo mejor de lo mejor para usted.

    Sinceramente,
    Jonathan Guillermo Guillén

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  2. Estimado profesor:

    Agradecemos sus hermosas palabras, tenemos que informarle que para nosotros fue un honor contar con su presencia, fue elegido por el gran cariño que le tenemos los alumnos de la generación. Todas sus enseñanzas quedarán plasmadas en nuestra memoria y corazón. Recordaremos siempre las excelentes clases cursadas, principalmente en los primeros semestres, será siempre un pilar en nuestra formación y será parte de nuestro recuerdo para la vida profesional.

    No tenemos cómo agradecer sus presencia el día viernes, le deseamos lo mejor para sus proyectos próximos y estamos a su disposición siempre que lo requiera.

    Le enviamos un afectuoso saludo.

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  3. profesor GRACIAS. Por ser no solo un profesor, sino un maestro de VIDA!!

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    1. Gracias profesor!!! en verdad impresionante, gracias por eso conocimiento trasmitido en sus clases y gracias por sus palabras en la graduación. Un verdadero maestro!

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  4. Muchas Gracias, sin duda uno de los profesores que marcaron mi vida durante mi estancia en la facultad.
    Gracias por tanto conocimiento que en usted habita, desde una sonrisa hasta un saludo afectuoso.
    "Verdad, Conocimiento y Amor" es lo que nos ha enseñado durante estos cuatro años.
    Reciba un abrazo afectuoso.

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  5. LA VERDAD NO SE PARA QUE TANTO JÚBILO,AGRADECIMIENTOS, REFLEXIONES, CONMOCIONES, ETC, SI DE TODAS FORMAS ESTOS JÓVENES NO VAN A ENCONTRAR TRABAJO, O SI LOGRAN HACERLO EN EN UN PARTIDO POLÍTICO MEDIOCRE, O EN ALGUNA INSTITUCIÓN QUE SÓLO JUGARA CON SUS BOBAS ILUSIONES.

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