Juan María Alponte
La crisis económica, el desvelamiento de la irresponsabilidad de los bancos y del sistema financiero y la existencia de 11 millones de desempleados ha colocado a los candidatos a la presidencia de Estados Unidos ante un discurso nuevo. Se habla ya “del 99% contra el 1%”, es decir, la inmensa mayoría contra el 1% que concentra el Ingreso. No se asusten. Dios está en los billetes estadounidenses con un elogio inamovible al dólar.
La warfare, la lucha de clases –el comienzo de la historia según Karl Marx- aparece, enroscada como un caracol, en las empalizadas de los discursos de los candidatos. Uno ha desencadenado una pequeña tormenta.
En efecto, el candidato republicano Mitt Romney se ha encontrado ante el dilema dialéctico del pago de sus impuestos y, por tanto, con el esclarecimiento de su fortuna. Ha declarado que pagaba el 15%. ¿De cuánto? Se calcula su fortuna entre 190 y 250 millones de dólares. La gente, los votantes, se han encrespado aunque ser rico sea, para un buen protestante, una prueba de la bondad de Dios. Lo cierto es que al tiempo –¡qué países que hacen públicos los ingresos y los impuestos de los políticos!- se ha hecho notoria la hoja de impuestos del presidente Obama. Sus ingresos como presidente, incluyendo los porcentajes de su libro “The Audacity of Hope” se elevaron (The New York Times dixit), con los de su esposa, a 1,728.096 dólares al año y la pareja pagó al fisco –federal taxes- 453,770 dólares. Imagínense ustedes si los suculentos salarios de nuestros políticos estuvieran en la vorágine cotidiana del análisis de sus impuestos.
Lo cierto es que un multimillonario como Mitt Romney pretende ocupar la Casa Blanca (y sus jardines) teniendo en la bolsa 250 millones de dólares (y se cree que más) ello ha causado una notable impresión porque se le ha escapado decir que sólo ha pagado el 15% en términos fiscales.
Ello –warfare en broma-cuando Obama, al iniciar su mandato señaló que en los periodos de los Bush la concentración del Ingreso del 1% paralizó el ascenso de los estadounidenses, a las clases medias, ideal colectivo.
El New York Times del 18 de enero –así son las cosas y crecen con la lluvia- afirma que desde 1980 –¿copia la denuncia de Obama?- el impuesto federal pagado por los ricos o los más ricos ha bajado significativamente –significantly- para los privilegiados durante las últimas décadas. En suma, en teoría, los ricos pagan menos que los pobres normales.
El New York Times subraya –en página interna, esto es, en la página 12- que entre 1985 y el año 2008 los 400 más ricos de los Estados Unidos vieron descender sus impuestos del 29% al 18% (Romney, al parecer, tiene más suerte porque paga el 15%) según el Internal Revenue Service.
El New York Times recuerda, en orden a ese tema, que el billionaire (no el pobre millonario) Warren E. Buffet afirmó públicamente que era una vergüenza que él pagara sólo el 17% de sus ingresos, esto es, menos –eso dijo- “que su secretaria o los 19 empleados de su oficina”.
Dado que la fortuna de Warren Buffet se eleva (según Forbes, revista sagrada de los muy ricos) a 47,000 millones de dólares y paga menos impuestos que su secretaria, no hay duda que algo está mal. Al fin y al cabo sólo aumentó su fortuna (Forbes, April 26, 2010) en 10,000 millones mientras Carlos Slim, en el mismo número de la revista sacré, la vio crecer en 18,500 para llegar a los 53,500 millones de dólares y colocarse en el primer lugar del mundo. Antes que Bill Gates con 53,000 millones de dólares.
No sé lo que ganará la secretaria de Carlos Slim –no quiero inquietarme por ella porque seguramente será mucho- pero no menos interesante me parece el caso de Guzmán Loera –el Chapo- que aparece, en Forbes, con una fortuna de mil millones de dólares. ¿Cuánto pagará de impuestos? Nadie lo sabe.
Azcárraga Jean aparece con 1,500 millones de dólares, pero la revista no dice cuánto gana su secretaria. No obstante, A. Bailleres, también de México, emerge con una fortuna de 8,300 millones lo que le acerca a los ricos de verdad. Tampoco tenemos noticia de lo que gana su secretaria. Espero, al menos, que esté feliz. Por lo demás hay un puñado de mexicanos que –pocos más de los dedos de una mano- que se sitúan en los mil millones. Lo que no hay duda es que los millonarios chinos –sus secretarias las pagará el Estado- han crecido desmesuradamente y, algunos han dejado el status de los pobres (mil millones) para ser catalogados como billionaires. Que tengan suerte sus secretarias.
En orden a la lucha de clases cabe decir que después de la Gran Depresión de 1929 y hasta 1945 (cuando la II Guerra Mundial resolvió el paro y todo) las elecciones presidenciales fueron, normalmente, de personalidades, como Roosevelt, cuatro veces reelecto, perteneciente a las clases elevadas del país.
Lo fascinante, desde el punto de vista de la lucha de clases –para que no se lo crea el New York Times- es que no es ni medio serio evocar a Karl Marx.
En las elecciones presidenciales de 1932, en medio de la catástrofe de la Bolsa y el Desempleo, el voto popular se elevó a 39,754.675 personas. De ellas varios millones estaban sin empleo y comían en los “restaurantes” de los conventos o de las buenas damas. Todavía, en ese año, 1932, Hoover –responsable de la catástrofe financiera- tuvo, todavía, 15.7 millones de votos superado por un patriarca, 22.8 millones, que se llamaba Franklin Delano Roosevelt.
En ese año, con la miseria social en su plenitud, Norman Thomas, candidato honorable del Partido Socialista, contó con 884,649 votos. En la elección de 1936 (Roosevelt obtuvo 27,757.333), Norman Thomas, todavía con un desempleo muy alto, vio reducir su clientela a 187,833 votos; en la de 1940, reelegido Roosevelt, contó (no debió esforzarse mucho) con 116,410 adhesiones. Historia electoral terminada.
Estados Unidos entró en la contienda mundial, que se había iniciado en 1939, en 1941. Los millones de desempleados fueron movilizados y la Industria de Guerra terminó con la Gran Depresión. Roosevelt, en su cuarto periodo, obtuvo 25,612.610 votos; el demócrata Dewey 22,017.617…y Norman Thomas, del Partido Socialista, 79,003. Después lo enterraron. ¿Para qué estar entre los vivos?
Hoy, con un desempleo superior al 8% de la PEA y con serios problemas bancarios y financieros, la secretaria de Warren E. Buffet sigue siendo un personaje del romance norteamericano con la novela ingenua de la lucha de clases. Ha sido cimentado, en síntesis, un sistema de poder que, inclusive en el tránsito hacia el segundo puesto en el mundo, se niega a pensar que ese sistema ha sido herido en su centro medular: hacer ostensible que la ética y el poder no han llegado nunca a un acuerdo con la secretaria de los Warren Buffet.
E-mail: alponte@prodigy.net.mx
miércoles 25 de enero de 2012
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